Acrílicos 2009


Momentos 100 x 80


Fantasmas, 100 x 80

Sartre 1


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El Ser es en sí, es lo que es, sin causa, sin necesidad, sin razón, de tal modo es contingente y por lo tanto gratuito, imprevisible y absurdo.
La consciencia es distanciamiento, es no ser.
El ser del hombre es la libertad y esta determina lo que es. La existencia preside a su esencia.
El hombre se hace a sí mismo, no esta predeterminado, lo que llega a ser depende de sus elecciones.
Se esta condenado a ser libre y por tanto de estar expuesto al fracaso y al ser nada ante el mundo y los otros hombres.
Es en la angustia donde el hombre comprende su ser como libertad originaria.

Exposición Edea Art Galery


Defensa 771, desde el 14 hasta el 27 de octubre inclusive, de lunes a jueves de 14 a 18 hs.
viernes y sábado cerrado

Exposición en Marco Del Pont




El gato y yo, acrílico, 80x120

Acrílico

 Descansando, acrílico, 80 x120 
                               
 

Metamorfosis












         Detalle de Metamorfosis

Acrílico, 2009, 100x70










   




Reunión 1 y 2, 100x80, acrílico

ilustraciones sobre Casa Tomada de J. Cortázar por Cecilia Ruwette










     








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Texto leído por Julio Cortazar


video

carbonilla sobre tela

80x100, 2004

                                             


" La disputa", 110x120, 2004
                             

"La televisión", 100x70, 2004
                               
"El perro", 50x80, 2004
                                       

100x120, acrílico y carbonilla,2005
                         

carbonilla sobre tela


 Giacometti, 80x100, 2004
                           

Extractos HISTORIA DE UN BUEN BRAHMIN VOLTAIRE


Cierto día el brahmín me dijo:
— Quisiera no haber nacido.
Le pregunté por qué. Él me respondió:
— Hace cuarenta años que estudio, y son cuarenta años perdidos; enseño a lo demás y yo lo ignoro todo: esta situación hace que mi alma se sienta tan humillada y asqueada que la vida me resulta insoportable. He nacido, vivo en el tiempo y no sé lo que es el tiempo; me encuentro en un punto entre dos eternidades, como dicen nuestros sabios, y no tengo ni la menor idea de la eternidad. Estoy compuesto de materia; pienso, y jamás he podido llegar a saber lo que produce el pensamiento; ignoro si mi entendimiento es en mí una simple facultad, como la de andar o la de digerir, y si pienso con mi cabeza como cojo las cosas con mis manos. No solamente me es desconocido el principio de mi pensamiento, sino que incluso el principio de mis movimientos me es igualmente ignorado: no sé por qué existo. Sin embargo, todos los días me hacen preguntas acerca de todos esos puntos; y hay que responderlas; no tengo nada interesante que decir; hablo mucho, y después de haber hablado me quedo confuso y avergonzado de mí mismo.......
Mi ignorancia es igual a la de los que me formulan esta pregunta; a veces les digo que en
el mundo todo va del mejor modo posible; pero los que se han arruinado o han sido mutilados en la guerra no me creen, y yo tampoco me lo creo; me retiro a mi casa abrumado por mi curiosidad y mi ignorancia. Leo nuestros antiguos libros y ellos espesan todavía más mis tinieblas.
Hablo con mis compañeros: los unos me responden que hay que gozar de la vida y burlarse de los
hombres; los otros creen saber algo y se pierden en ideas extravagantes; todo aumenta el sentimiento doloroso que experimento. A veces estoy a punto de caer en la desesperación cuando pienso que, después de tanto estudiar, no sé ni de dónde vengo, ni lo que soy, ni adónde iré, ni lo
que será de mí. El estado de este buen hombre me causó verdadera pena: nadie era más razonable ni más sincero que él. Comprendí que cuantos más conocimientos tenía en su cabeza y más sensibilidad en su corazón, más desgraciado era.......

— ¿No os avergüenza ser desgraciado cuando a vuestra puerta hay una vieja autómata que no piensa en nada y que vive contenta.
— Tenéis razón — me respondió —; cien veces me tengo dicho que yo sería feliz si fuese tan necio como mi vecina, y sin embargo no quisiera semejante felicidad.
Esta respuesta de mi brahmín me produjo mayor impresión que todo lo demás; me examiné a mí mismo y vi que en efecto no quisiera ser feliz a condición de ser imbécil.
Propuse el dilema a unos filósofos, que fueron de mi misma opinión.
— Y no obstante — decía yo —, hay una escandalosa contradicción en esta manera de pensar; porque, al fin y al cabo, ¿de qué se trata? De ser feliz. ¿Qué importa tener talento o ser necio? Todavía hay más: los que están satisfechos de cómo son, están muy seguros de estar satisfechos; los que razonan, no están tan seguros de razonar bien.
Está, pues, bien claro — decía yo — que habría que aspirar a no tener sentido común, por poco que este sentido común contribuya a nuestra infelicidad.
Todo el mundo fue de mi parecer, y sin embargo no encontré a nadie que quisiera aceptar el trato de convertirse en imbécil para vivir contento.
De lo cual deduje que, aunque apreciamos mucho la felicidad, aún apreciamos más la razón.
Pero, después de haber reflexionado sobre el asunto, me parece que preferir la razón a la felicidad es ser muy insensato. ¿Cómo, pues, puede explicarse esta contradicción? Como todas las demás. Hay aquí materia para hablar muchísimo.
 
Acrílico, 50x100, 2007


 
La ventana, acrílico, 2006 



Papel, acrílico, 100 x 70, 2008
"todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad". Sartre

pinturas

 El parque, acrílico, 100x80, 2006
                       


El día después, acrílico, 60 x 76, 2003

Pinturas

El gato y yo, acrílico, 120 x 90, 2009
                               

Convicción intima, acrílico, 97 x112, 2007 


Dibujos tinta










Lucian Freud

dibujos tinta